Investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y de la Universidad de Buenos Aires han publicado un novedoso estudio que aporta datos sobre la capacidad que tienen los metales pesados en estado gas para parar la corriente. La información resultante será de interés para simulaciones astrofísicas o centrales de producción de energía por fusión o fisión.
Un estudio de la Universidad de Castilla-La Mancha y de la Universidad de Buenos Aires ha medido por vez primera la resistividad de metales pesados en estado gaseoso, concretamente del níquel y el paladio, -o lo que es lo mismo, su capacidad para dejar de conducir la corriente-, encontrándose los primeros límites experimentales.
El estudio, realizado por los investigadores Gonzalo Rodríguez Prieto (UCLM) y Luis E. Bilbao (Universidad de Buenos Aires) ha sido publicado en la revista Physica Scripta, arroja resultados sobre unas propiedades “muy desconocidas y mal caracterizadas de los metales en estado gas” y supone “un avance que mejorará las simulaciones realizadas en condiciones que hasta ahora son difíciles de simular, con los metales a presiones similares a la atmosférica pero a temperaturas lo suficientemente altas como para ser vapores”.
Los datos, según apuntan los investigadores, serán de especial interés para científicos o ingenieros que realicen simulaciones de objetos o elementos industriales en condiciones de fallo catastrófico o que realicen simulaciones del comportamiento de materiales en el medio interestelar, y podrán ser añadidos a bancos de datos sobre las propiedades intrínsecas de los metales.
El investigador de la UCLM Gonzalo Rodríguez apunta que “medir la propia resistividad es tan difícil, que medir simplemente unos límites donde se encierra la resistividad del metal en estado gas ya es todo un éxito”, de ahí que asegure que la novedad del estudio “es absoluta. No hay ningún otro conjunto de datos publicados sobre la resistividad de un gas metálico”.
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores utilizaron un montaje de descargas eléctricas intensas que permitieron calentar hilos finos de estos metales hasta su evaporación parcial. En el momento en el que estaban en ese estado, midiendo el volumen que ocupaban, el voltaje que pasa por ellos y la corriente eléctrica, pudieron calcularse límites precisos para la resistividad.