Estudiantes y profesores del Instituto Sotomayor de Manzanares visitan, por primera vez, la histórica Casa del Manifiesto

La histórica Casa del Manifiesto de Manzanares abrió, por primera vez, sus puertas el pasado viernes 4 de abril para acoger una visita escolar de estudiantes de segundo curso de Bachillerato del IES Pedro Álvarez Sotomayor de la localidad, que estuvieron acompañados por el jefe de Estudios del Departamento de Geografía e Historia, Carmelo Intillaque Plaza, la jefa de Estudios adjunta, Mercedes Morales Gómez-Cambronero, y el profesor Pedro Crespo Cotillas, además del editor y representante de una parte de la propiedad, Pablo Díaz-Pintado.

Los estudiantes del grupo D de segundo curso de Bachillerato del IES Sotomayor, de Manzanares, posan en el patio de columnas de la histórica Casa del Manifiesto, acompañados por el jefe de Estudios del Departamento de Geografía e Historia, Carmelo Intillaque Plaza, la jefa de Estudios adjunta, Mercedes Morales Gómez-Cambronero, y el profesor Pedro Crespo Cotillas.

La Casa del Manifiesto, que forma parte del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha, del Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos de Manzanares y de la Carta Arqueológica Municipal,  es la muestra de arquitectura civil de mayor significación y proyección histórica de la provincia de Ciudad Real, debido a los hechos que allí tuvieron lugar a mediados del siglo XIX.

Concretamente, en una de sus dependencias, en la tarde del viernes día 7 de julio de 1854, Antonio Cánovas del Castillo redactó el llamado «programa de Manzanares»  que, una vez firmado por el general Leopoldo O’Donnell, líder del pronunciamiento iniciado el 28 de junio en los campos de Vicálvaro, constituyó el germen de la Revolución de 1854 que se extendió triunfante por toda España, con Madrid convertida en el epicentro de la revuelta popular. La proclama consiguió su objetivo de conciliar los intereses de las fuerzas moderadas y progresistas para aumentar su respaldo y legitimidad y, consecuentemente, logró avivar, de ese modo, la llama de la insurrección. La difusión del manifiesto en Madrid y en otros puntos del país aceleró, tan solo unos días después, la caída del Gobierno de Luis José Sartorius, forzó el posterior exilio de la Reina Madre, María Cristina de Borbón, y facilitó el advenimiento del bienio progresista que desembocaría, finalmente, en la Constitución non nata de 1856.

Del Manifiesto de Manzanares al Manifiesto de Sandhurst

El Manifiesto de Manzanares fue la ópera prima de un joven Cánovas del Castillo, secretario personal de O’Donnell, que culminaría 20 años después, en 1874, con el Manifiesto de Sandhurst, la obra cumbre del político malagueño, que permitió sentar las bases para la Restauración borbónica y dio lugar a la Constitución de 1876, la herramienta que condujo al período más prolongado de estabilidad, progreso y paz de la España de la época.

El abogado y político Cristino Martos y Balbí (1830-1893), amigo de Cánovas del Castillo y participante directo en la conjura, dejó escrita en su libro “La Revolución de julio en 1854”, editado ese mismo año, una frase para la Historia: “La Columna”, se puede leer en sus páginas, “salió de Tembleque en dirección al pueblo de Manzanares, donde en una hoja de papel iba a ser escrita  la frase de fuego, sencilla y poderosa, que había de servir de base a una revolución, en su nacimiento la más grande y fecunda de nuestra Historia moderna”.

Detalle del despacho de la Casa del Maniifiesto, que evoca el ambiente histórico de su época, está presidido por una reproducción del retrato de Cánovas del Castillo, obra del gran fotógrafo francés, Ferdinand Debas y Dujant.

Recorrido histórico por la Casa del Manifiesto

Los alumnos del instituto manzanareño, pertenecientes al grupo D de segundo de Bachillerato, pudieron visitar, entre otras estancias, el despacho de la vivienda, que mantiene vivo el ambiente histórico de aquel tiempo. La habitación se encuentra presidida por una reproducción del retrato de Cánovas del Castillo, obra de Ferdinand Debas y Dujant, el gran fotógrafo francés del período de la Restauración, y cuenta, también, con una litografía de Leopoldo O’Donnell y una escultura, realizada en piedra, réplica de la Venus itálica, de Antonio Canova, máximo representante de la escultura italiana neoclásica del siglo XIX.

La visita  se prolongó por espacio de 40 minutos y sirvió para que los 23 estudiantes de Bachillerato se aproximaran al contexto de aquel importante capítulo de la Historia española y conocieran in situ el lugar donde Cánovas del Castillo plasmó en papel, de su puño y letra, el famoso “programa de Manzanares”. Una manera estimulante y complementaria de descubrir y vivir la Historia, más allá de su necesario estudio en los libros de texto. Al finalizar el recorrido, los profesores y alumnos recibieron un díptico informativo, editado por Periodistas Asociados SL, inspirado en el diseño de la Gaceta de Madrid de 1854, que pone de relieve la significación y relevancia del inmueble e incluye una crónica de lo sucedido, así como la reproducción de la proclama y la muy desconocida, pero estrecha relación, que el Manifiesto de Manzanares guarda con el Manifiesto de Sandhurst, que toma su nombre de la academia militar próxima a Londres, en la que estudiaba el futuro Rey Alfonso XII en 1874.

La empresa Periodistas Asociados ha editado un díptico informativo sobre la Casa del Manifiesto y su relevancia patrimonial e histórica, inspirado en el diseño original de la Gaceta de Madrid de 1854 que, en aquellos días, relató la versión oficial de los acontecimientos.

Un ‘road movie’ decimonónico

Entre la tarde del viernes 7 de julio y la mañana del domingo 9 de julio de 1854, la localidad manchega se convirtió en el cuartel general de los insurgentes y albergó, en el entorno de la calle Empedrada y otras calles de la población, a cientos de militares de infantería y caballería, entre los destacaban los ya citados O’Donnell y Cánovas, así como el general progresista Francisco Serrano y Domínguez que, precisamente, se incorporó al complot en la localidad, procedente de Arjonilla (Jaén). Se trata, sin duda,  de tres de las figuras políticas más relevantes del siglo XIX español, que alcanzarían, en su segunda mitad, las más altas magistraturas del Estado en varias ocasiones.

La sublevación militar liderada por los generales Leopoldo O’Donnell y Domingo Dulce tuvo todas las características de un road movie decimonónico, con un contingente de tropas rebeldes replegándose a lo largo de cientos de kilómetros por los pueblos de La Mancha, tras la batalla inicial de Vicálvaro, y el ejército isabelino, al mando del general Anselmo Blaser, dirigiendo la persecución a prudente distancia. El itinerario de esa ‘película de acción y carretera’ (que, por primer vez en España, incorporó también el aprovechamiento del ferrocarril dentro de su estrategia militar) arrancó en Madrid a finales de junio de 1854, discurrió por gran parte de la geografía manchega, vivió su capítulo más decisivo en Manzanares, para continuar por Andalucía y concluir, definitivamente, un mes después, de  nuevo en la capital del Reino, cuando el 29 de julio, los generales Leopoldo O’Donnell y Baldomero Espartero, tras reunirse en audiencia con la Reina Isabel II, se abrazaron en el balcón de Palacio, sellando ante la multitud congregada el triunfo de la Revolución y abriendo una nueva página del libro de la Historia de España.

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