Escribía el 8 de junio de 2020 en el digital Hombre de palo, el texto Museo imaginario, museo infinito. Donde fijaba las dificultades en mantener la propia continuidad conceptual de los museos, tal y como los habíamos conocido antes del COVID-19 y después de la pandemia. “La celebración del día Mundial de los Museos, el pasado 18 de mayo, vino acompañada este año de 2020, año de la pandemia del COVID-19, por algunas reflexiones que apuntan y señalan a su posible redefinición conceptual y a su probable modificación venidera. El nacimiento de la distancia social –que no deja de ser una distancia de seguridad ante el potencial contagio del transeúnte infectado– introduce una nueva espacialidad anómala en el museo; de la misma forma que la utilización sistemática del erstaz museístico – como ámbito de nueva relación y revelación entre el visitante y el museo sucedáneo o virtual– abre otra distancia diferente de la anterior, como ya nos habían mostrado las reconstrucciones musealizadas de las Cuevas de Altamira y de Lascaux. Circunstancias que junto a la masificación advertida en los últimos años habían llevado a preguntarse sobre el debate entre preservación o autenticidad (El País Ideas, 24 diciembre, 2016). Y, finalmente, la reinvención tematizada con filiales de las casas centrales (Guggenheim, Pompidou o Louvre) y la extinción del museo decimonónico convertido ya en Museo de masas, abren nuevas reflexiones sobre el sentido venidero del Museo, particularmente del Museo de Arte. Junto a esos aspectos conceptuales los estrictamente sanitarios, que han llevado al cierre actual de los museos y han dejado de propiciar ocupaciones extraordinarias y limitar su aforo. Todo ello en imágenes que tras la pandemia ya no volverán a repetirse y que no veremos, ha suscitado reflexiones como las de Suay Aksoy y como las José Díaz Cuyás”.



“Aksoy como Presidenta del Consejo Internacional de Museos, afirmaba en su entrevista de El País, del 16 de mayo de 2020, que “Muchos museos no van a volver a abrir”. Más aún, proseguía sobre el impacto de la crisis sanitaria en el mundo de los museos. “El coronavirus afecta a los derechos humanos y los problemas derivados de la crisis pueden ser abordados por los museos, porque son centros de conocimiento. Por eso tienen una tarea muy importante estos días: deben atender a las desigualdades que suceden en nuestras sociedades”. Mas delante, era interrogada, singularmente, por la situación que el turismo genera en ese mundo:
–“Sin turismo no habrá beneficios, y sin beneficios ¿deberán permanecer cerrados?
–No se venden entradas, no se celebran eventos en los museos, es un escenario que da miedo. Pero necesitamos a los museos más que nunca”.

El mismo día en Babelia, Díaz Cuyás nos ofrecía sus reflexiones sobre el futuro bajo la denominación Repensar el museo vacío. Donde anotaba, no tanto la dependencia evidente entre uno y otro–museo y turismo–, cuanto la coincidencia temporal de su nacimiento, en el universo del mundo romántico: instituciones de la cultura burguesa del siglo XIX. Así, “Se establece un vínculo histórico entre la cultura viajera burguesa y el museo”. Junto a ello, la crisis del museo posromántico que, a su juicio, pone en duda la autenticidad de los discursos que sustentan y las transformaciones abiertas por el universo digital. Autenticidad temporal del museo y autenticidad espacial del turismo que, al reinventarse tras la pandemia, exigen “una ética y una política de la hospitalidad (Derrida) asumiendo el museo como el espacio de encuentro con la alteridad, de las obras y de los otros, que exigen nuevos protocolos para visitantes y anfitriones, ya sean nativos, turista o migrantes”. “Lo que, si parece cierto, a estas alturas, es que el modelo convencional de museo, como lo hemos conocido, precedido de grandes colas de visitantes y de salas atestadas de observadores provistos de audioguía –lo que se ha venido denominado como Museo de Masas y no como Museo de Musas–, tiene serias dificultades para su puesta en marcha en modo pospandemia o en modo, Nueva Normalidad. Y quizá sea el momento de realizar algunas reflexiones sobre la realidad que se abre con este escenario que pretende limitar los aforos y las ocupaciones, en suma, que pretendiendo expulsar a los ocupantes habituales de sus salas y galerías, por necesidades médicas y sanitarias, deberá de pulsar otras alternativas de uso, disfrute y relación”.

Ahora y más recientemente en el apartado dedicado a los Museos –en su infinita variedad y formato– dentro del trabajo colectivo Castilla-La Mancha fea (2025) que he coordinado y del que ya hemos hablado en estas páginas de Miciudadreal, tiene la peculiaridad de denominarse Museos y otras artisticidades, y la particularidad de anticipar un conglomerado de complejos movimientos socioculturales de diversa índole y de carácter creciente, como una galopada tendida en la tarde hacia el ocaso de la extinción secular del buen gusto. Y digo bien, de diversa índole, toda vez que en él participan cuerpos y medidas plurales, de toda laya y de toda ralea. De la etnografía a la botánica, del costumbrismo al neopopularismo, del casticismo –no el de Unamuno o el de Chueca Goitia y sus invariantes– al agrarismo floral y del identitarismo rancio a una suerte de globalización lumpen del kitsch y del mal gusto. Conducentes todas esas instancia y propuestas a definir el espacio que la cobije y muestre. Y emparente con las muestras sagradas del pasado.

De todo ello trae causa la pretensión desplegada en Ciudad Real, por Agustín Jiménez de ofrecer al Ayuntamiento su colección de 42.000 bolígrafos, procedentes de 168 países, para con esas piezas, montar un pretendido Museo del bolígrafo. Piezas mostradas con anterioridad en el vestíbulo de la biblioteca provincial, en una nómina de muestras de elevada confusión para lo que nos ocupa. Donde hemos podido contemplar junto a los bolígrafos citados, otras colecciones de llaveros, de piezas de Play móvil, de teléfonos móviles en desuso y de otras colecciones plurales. En un esfuerzo de identificación del vestíbulo bibliotecario con mostradores de cantinas y barras de exposición de bares afamados. Colección de bolígrafos –no de un inventario de la evolución de la escritura desde sus inicios de buriles, hasta las plumas de ave, las cañas o los palillos, para desembocar en el lápiz, la estilográfica y el más moderno bolígrafo– que ahora, fracasada la propuesta municipal, deriva a la Diputación provincial, por si hubiera lugar para ello. Todo lo cual nace de la confusión del coleccionismo privado –todo lo singular y meritorio que se quiera, pero coleccionismo individual, a fin de cuentas– con las instancias y propuestas que debe regir un Museo del tipo que sea y su correspondiente proyección pública. Confusión, tal vez, motivada y avalada por el creciente número de museos y colecciones museográficas existentes en Castilla-La Mancha, pese a su escaso peso cultural como se desprende de los informes anuales del Observatorio de la cultura en España en 2022, donde el lugar obtenido por Castilla-La Mancha queda malparado y postergado a los lugares finales de la lista nacional. Así el baremo de calidad e innovación cultural en 2022, para las diferentes ciudades y comunidades, CLM queda desplazada al puesto 16 –sólo Murcia cierra con el 17 y el farolillo rojo de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla–.

Pese a ello en 2020, en el Atlas de la Cultura de Castilla-La Mancha, ya se contabilizaban 196 unidades museísticas o colecciones museográficas. Donde cabían –más allá de los reconocidos como tales, con presencia y proyección, desde los estatales a los de Bellas Artes Provinciales– una diversidad de entes que se amoldaban entre los Museos del Queso, del Esparto, del Alambre, del Carro, del Encaje, de la Cerámica, de la Minería, de la Matanza, del Carnaval, de la Semana Santa, de la Pasión Calatrava, de Pecados y Danzantes en Camuñas, del Niño, del Cuchillo, de Dulcinea, del Quijote, de Sara Montiel, o de la Tía Sandalia en Villacañas –bendecido por su reciente presencia en la exposición del Reina Sofía de Madrid, con la exposición Esperpento. También el jaleado en Toledo Museo Cromática (el segundo museo más original del mundo)
Y es que la clasificación temática de los Museos regionales, según establece el repetido Atlas de la Cultura, fija que “El 76,4% del total de museos aparecía incluido en: etnografía y antropología (23% registrados en la región), seguido por bellas artes (19%), especializados (13%), arte contemporáneo (9,7%) o arqueológico (6,1%)”. Tan numerosas las citadas sedes como escasamente coordinadas y carentes de una política común, en lo que podría y debería ser un espacio integrado e integrador: una Red Regional de Museos de Castilla- La Mancha –RRM de CLM– que optimizara las actuaciones y los escasos recursos y que presentara un perfil estructurado, solvente, digitalizado y moderno en el territorio regional. En evitación de contar con un territorio despoblado y en paralelo con una hipertrofia de sedes museísticas escasamente relevantes.
De esa situación excesiva se hacía eco Rubí Sanz Gamo en su texto de 2020, Museos en Castilla- La Mancha en el siglo XX: algunas reflexiones, al advertir “En CLM hay nada más y nada menos que 182 museos. Una cifra que necesariamente hay que matizar: no son todos los que están”. Reflexión, de quien dirigiera el Museo Provincial de Albacete, que la lleva a afirmar algo usual: “Los Museos se sueñan mucho y se piensan poco”. ¡Se deben soñar tantas otras cosas ¡