Plataforma Sí a la Tierra Viva.- Nos encanta el diccionario de la Real Academia. O más bien los diccionarios de la lengua en cualquiera de sus versiones, porque la versatilidad del idioma de Cervantes demuestra que siempre hay una palabra adecuada para cada situación. De hecho la palabra «zoquete» tiene tanto en su versión cubana («altanero, altivo, soberbio, engallado») como en la opción española («zote, torpe, tarugo, zopenco, adundado» -y un largo etcétera que por respeto no reproduciremos-) presenta las mejores definiciones posibles para concretar como Enrique Ortega Gironés falsea la realidad propagando bulos a modo de trompetista desafinado que únicamente busca promocionar el proyecto de tierras raras del polémico empresario Francisco Javier Merino de la Cuesta en el Campo de Montiel.
Dicen los especialistas en el séptimo arte que «El acorazado Potemkin», producción de 1925 dirigida por Serguéi Einsenstein, está considerada, sino la mejor, como una de las mejores películas de la historia del cine. Estudiada plano por plano hasta la saciedad -se le han dedicado libros enteros- presenta en su primera parte una sección titulada «hombres y gusanos» una alegoría que en este punto vale la pena rescatar. En esta escena, los marineros del acorazado se quejan de las condiciones inhumanas que tienen a bordo, especialmente por la carne podrida y llena de gusanos que les dan como alimento. El médico del barco, aliado con los demás oficiales, es llamado para inspeccionar la carne, pero a pesar de que los gusanos son claramente visibles y el alimento está en mal estado, el médico la examina con indiferencia y declara que está apta para el consumo, minimizando el problema y enfureciendo aún más a los marineros. Esta actitud arrogante y despectiva del oficial es uno de los desencadenantes del motín que sigue a continuación. En palabras del escritor y filósofo británico Aldous Huxley «los hechos no dejan de existir porque sean ignorados».
Sin embargo Ortega Gironés va más allá, porque directamente este geólogo de corte «Trumpista» propaga ya no inexactitudes o medias verdades sujetas a interpretaciones torticeras, sino directamente bulos y desinformación, como por ejemplo que Sí a la Tierra Viva ha comparado el proyecto especulativo de Quantum Minería en la provincia de Ciudad Real con otros que nada tienen que ver en la faja pirítica ibérica y otros lugares como Cataluña, Galicia o Asturias. Y en realidad no es así.
Le volvemos a recomendar al geólogo la lectura atenta del último informe de la Fundación Nueva Cultura del Agua avalado por expertos de tres universidades (Huelva, Sevilla y Pablo Olavide), que expone los graves efectos ha tenido en el pasado -y tiene a presente y futuro- la contaminación derivada de la minería en Andalucía occidental. Sus autores, muy lejos de la recurrente indocumentación de Gironés, piden poner el freno a la actividad extractiva hasta que se estudien en profundidad esos impactos, como la falta de agua potable a medio plazo o la afectación ambiental al estuario del río Guadalquivir en lo que sus autores califican de «absoluto descontrol» que está poniendo en riesgo los recursos hídricos, la agricultura, la pesca, la protección medioambiental y la salud humana. De manera rotunda e incontestable, el estudio da a conocer a todos los agentes interesados que el discurso de que la minería fue mala, pero ya no, es completamente falaz.
Y por mucho que Enrique Ortega Gironés pretenda manipular la realidad es en este punto donde ha actuado la Plataforma Sí a la Tierra Viva, no haciendo coincidir los impactos de la minería de tierras raras con tal o cual proyecto minero sino alertando que, sencillamente, la «minería sostenible» y la «minería responsable» que tanto él a nivel particular como el sector extractivo a nivel general están promocionando no existen como tal a la vista de los hechos tangibles sobre los que los especialistas alertan. No son «argumentos falsos» como señala Gironés, sino «realidades tangibles». Es así como en Asturias, por ejemplo, la minería del oro en el concejo de Belmonte de Miranda ha devastado el río Cauxa con aportes incontrolados de elementos como el selenio, el arsénico, los fluoruros o el cianuro acumulando una sanción tras otra de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico (CHG) y haciendo que la Fiscalía de Medioambiente haya tenido que tomar cartas en el asunto denunciando a la empresa Orovalle. O como Iberpotash, perteneciente a la israelí ICL, ha salinizado las aguas del río Llobregat, que da de beber a Barcelona, y en cuya depuración el erario público está empleando, con desigual resultado, decenas de millones de euros anuales que al final acabamos pagando entre todos. La lista de casos equivalentes y contemporáneos de los abusos y desmanes del sector minero en nuestro país es tan larga que haría palidecer a cualquiera, por eso las afirmaciones interesadas -y tan poco informadas- de este individuo dan vergüenza ajena.
Es que el geólogo trumpista lee pero no entiende. Por ignorante o malvado no entiende nada en absoluto, si bien no puede evitar reconocer, por fin, que la monacita gris existente en la provincia de Ciudad Real SÍ tiene componentes radioactivos como el torio (Th) o el uranio (U). Y decimos «por fin» porque hasta ahora el mayor impacto ambiental reconocido por Francisco Javier Merino de la Cuesta, promotor del proyecto especulativo de Quantum Minería, era que el proyecto «puede matar cucarachas» como en cierta ocasión afirmó durante una inolvidable y risible intervención radiofónica el pasado año en un tema que es tan jugoso y da tanto de sí a nivel informativo que merece ser abordado de manera independiente.
Pero volvamos a la desinformación del geólogo. Es torticero e irresponsable comparar el servicio de radiología de un hospital para eximir de responsabilidades a una planta de refinado de un proyecto de tierras raras que pretende, presuntamente, recuperar más de 30.000 toneladas. Y vuelve a mentir cuando retuerce los informes del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), que SÍ han alertado de que el peligro radioactivo es una realidad. Sin embargo, este pope de la religión extractivista oculta que la propia Quantum Minería refleja en sus informes que SÍ estaría dispuesta a procesar recurso mineral de otros países. ¿Y con qué monacita nos quedamos entonces a la hora del beneficio del mineral? ¿con la del 1% del elementos radioactivos, la del 8% o la del 20%? ¿quién puede ejercer control sobre esto? ¿quien sería capaz de confiar su futuro y el de su comarca a una empresa denunciada por la Guardia Civil por actuar sin licencia y cuyo presidente, según el diario El Plural, ha sido «condenado e imputado en recurrentes ocasiones»?
Sin embargo, la realidad con las tierras raras es otra, independientemente de su origen, y es la que nos señalan los expertos en investigaciones realizadas desde finales de los años 90 del pasado siglo hasta nustros días. Y nos referimos a los que saben, no los que opinan sin saber o tergiversan la realidad como Gironés, pues entre los muchos efectos adversos para la salud que tienen estos elementos se incluyen la anemia, la desregulación de la expresión proteica y la enfermedad pulmonar intersticial, irritación y fibrosis dérmica, neumoconiosis, cianosis y dolor torácico, daño renal y fibrosis pulmonar en diversos grados según el elemento, habiéndose igualmente sugerido asociaciones con tumores cerebrales. Estudios realizados en cultivos celulares y en animales de laboratorio han demostrado que las tierras raras pueden causar una variedad de efectos nocivos, tanto a nivel molecular como celular, así como en la función de varios órganos y sistemas como el hígado, los riñones, el corazón, los pulmones y el sistema inmunitario, en un mecanismo de toxicidad inducida que parece estar asociado principalmente con la reactividad redox, la inducción del estrés oxidativo, en el que las tierras raras reemplazan los iones de calcio y magnesio que participan en muchos procesos fisiológicos provocando enfermedades. Ojalá el geólogo hubiera tenido la oportunidad de escuchar a todos los expertos que durante el último trimestre del 2024 nos han asesorado (y respaldado) en materia médica. Pero no, para Ortega Gironés es más fácil hablar sin saber, manipular sin interpretar, desconocer, despotricar.
El horizonte científico vigente en la actualidad indica que las tierras raras (17), con sus particularidades en cada uno de los lantánidos y demás elementos conocidos pueden inducir estrés oxidativo, fibrosis pulmonar y neurotoxicidad, también en los residentes cercanos a este tipo de proyectos extractivos y que incluso en la vida corriente existen otro tipo de riesgos iatrogénicos, como la fibrosis sistémica nefrógea por contraste de gadolinio en resonancias magnéticas. Si bien el término «susceptible» indica que existe la posibilidad de que un impacto se produzca pero no que vaya indefectiblemente a producirse lo que hoy sabemos sobre las tierras raras es que son un problema y están generando un problema de salud pública. Tanto es así que según un reciente estudio del Hospital del Mar en Barcelona, trazas de tierras raras como el tulio, el indio, el rutenio o el tantalio están apareciendo en la sangre de siete de cada diez barceloneses. Como bien se ha señalado desde el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), entidad científica participada entre otros por el CSIC o las dos universidades públicas barcelonesas, la humanidad está explotando la tabla periódica de espaldas a sus riesgos en una situación en la que «la extracción de elementos químicos de la Tierra puede ser limitante y conllevar crisis a todos los niveles» pues «utilizar más elementos de la tabla periódica significa extraer más minerales, un consumo creciente de energía y las emisiones de CO2 asociadas». Además este artículo es concluyente: «la extracción de elementos químicos de la Tierra puede ser limitante y conllevar riesgos ambientales, económicos, sociales y geopolíticos». Por otra parte, cada vez son más los proyectos internacionales de investigación que están buscando (y consiguiendo) alternativas viables al uso de tierras raras para usos tecnológicos, como por ejemplo en el caso de utilización de imanes permanentes a diversos niveles.
En el relato manipulado de Enrique Ortega Gironés echamos en falta, sin embargo, algunas cuestiones que no son en absoluto menores. En primer lugar, la omisión deliberada de que tierras raras como el neodimio, el samario, el erbio o el lantano tienen uno de sus mayores mercados en la industria militar. Un ejemplo concreto es que cada uno de los cazabombarderos F-35, con los que el ejército israelí está masacrando «colateralmente» al pueblo palestino y sembrando una nube de terror en Oriente Medio, emplean un promedio de unos 400 kilos de tierras raras por unidad. De hecho, la incesante necesidad de tierras raras que fomenta la industria militar genera una demanda constante que apoya tanto la minería como el contaminante refinado de estos elementos. Y conviene no equivocarse, una vez que la materia prima entra a los mercados internacionales, es la inflexible -y especulativa- ley del mercado la que actúa. Debemos recordarle al «geólogo» que nadie está en contra de la transición energética, sino del uso puramente especulativo de estos elementos -y del sufrimiento que causan-.
Debe recordar Ortega Gironés que la minería, impactos ambientales aparte, jamás podrá ser catalogada de «sostenible» en tanto en cuanto la explotación del recurso supone su agotamiento. Por otro lado no sabemos si las empresas mineras «modélicas» y «prestigiadas» a las que este sujeto se refiere son las mismas que cita Investigate Europe en su último informe, que indica quien controla realmente las minas en España y expone como los mercados especulativos y los intereses extranjeros están tomando el control de las explotaciones, dejando tras de sí un rastro de riesgos y cuestionamientos.
Así, grandes fondos de inversión y bancos como BlackRock, HSBC, Oaktree y BNP Paribas dominan el accionariado de las principales compañías, e incluso el Estado chino emerge como un actor clave en esta dinámica, al tiempo que figuras polémicas como un expresidente boliviano acusado de genocidio se enriquecen con la explotación de estos yacimientos.
Olvida el geólogo, además, que la especulación financiera en la minería tiene consecuencias directas y graves pues los inversores, enfocados en el rédito inmediato, tienden a priorizar la extracción a toda costa sobre cualquier otro parámetro, ejerciendo una inaceptable presión a nivel político para flexibilizar las normativas, favoreciendo sus intereses sobre la protección del entorno, las comunidades y el tejido socioeconómico tradicional. Por eso, para que la mal llamada «transición energética» pueda ser sostenible, no queda otra opción que cambiar de paradigma lo que implica reducir el consumo de recursos finitos, impulsar el reciclaje organizado de materiales ya extraídos y apostar por tecnologías que minimicen la necesidad de seguir abriendo nuevas explotaciones en una rueda sin fin. Sin estas medidas, la minería especulativa que Ortega defiende sólo trasladará la crisis socioambiental de un lugar a otro sin resolver las causas de fondo.
Como conclusión hay que decir que la especulación minera, también la de las tierras raras, es una amenaza silenciosa que puede dejar heridas profundas en nuestro territorio, nuestra forma de vida y nuestra identidad. Y que hay muchos precedentes de esto, no sólo en la provincia de Ciudad Real sino por toda la geografía española. Estadísticamente, casi la mitad de los pueblos abandonados en Asturias tuvieron pasado minero y aún a día de hoy las prejubilaciones de toda una generación de trabajadores del carbón ha derivado en un drama social en muchos pueblos en el que la contaminación ambiental, los paisajes devastados, o la problemática con las drogas y la prostitución han hundido en la más profunda decadencia a comunidades enteras.
Referencias:
Informe sobre los impactos de la minería en Andalucía Occidental (Fundación Nueva Cultura del Agua): https://fnca.eu/biblioteca-del-agua/directorio/file/3078-los-impactos-de-la-mineria-en-andalucia-occidental
«La humanidad explota la tabla periódica de espaldas a sus riesgos» (CREAF): https://www.uab.cat/web/sala-de-prensa/detalle-noticia/la-humanidad-explota-la-tabla-periodica-de-espaldas-a-sus-riesgos-1345830290069.html?detid=1345878476992
Informe de Investigate Europe sobre el control de negocio las minas en España: https://www.investigate-europe.eu/es/posts/blackrock-el-estado-chino-o-un-expresidente-boliviano-quin-controla-el-negocio-de-las-nuevas-minas-en-espaa
¡Hemos de felicitar, entusiásticamente, a los miembros (¿anónimos y sinónimos de lucro?) de la platamofa de Sí de los «vivos» de la Tierra! ¡
Al fín se han comprado un diccionario (dicen que varios pero yo creo que es porque como va en tomos se han liado, que estas cosas pasan cuando la costumbre está distraída en estos menesteres)!
Pero, veo, empiezan por el final, y subrayan la palabra zoquete como término estrella para armar un argumentario «ad hominem» (miradlo en ese diccionario, en la letra a, al principio del primer tomo) y, a continuación, desplegar adjetivaciones que les encasillan, a ellos, en la piltrafa folclórica y pedante que tan a bien suele acompañar estos comportamientos, y que aderezan con una ignorancia proverbial que delata, en ellos, una vocación de gaznápiro de libro y que, a buen seguro, se estudian en las más prestigiosas universidades de la antítesis del comportamiento y el rigor científico.
A ese lustroso diccionario que acaban de comprar deberían añadir otros textos de retórica, semántica, ortografía, sintaxis, etimología e -incluso- semiótica (si quieren los de «la platamofa de los «vivos» de la tierra» se puede hacer una cuestación popular para que no les suponga un gasto muy oneroso y se depriman); y de paso, en promoción, algún libro de Cine (porque lo del Acorazado Potemkim es de traca, pero bueno, pa gustos -y gastos-, colores).
Claro que no está bien eso de trastocar ni manipular lo que A. Huxley dicen que ha escrito (Esto lo habéis copiado de wikipedia, ¿verdad? Pues no es cierto, ya que antes que Aldous hubo otro escritor, alemán y de edad similar -que parece más apropiado a vuestra tendencia «ideológica» (aquí, he de reconocerlo, me siento generoso, no creo que vuestro coeficiente intelectual de para formar ningún tipo de estructura de pensamiento, pero hemos de ser caballeros).
Porque es cierto, por mucho que los de la platamofa digan lo que digan, los hechos están ahí y, además, haberlo haylos.
Mientras el profesor Ortega argumenta -magistralmente- dada su condición de geólogo y experiencia como profesor (académico) en estos temas que sobradamente conoce, la platamofa se dedica a escribir, y mal, el simple argumentario «ad hominem» y sin, siquiera, creatividad.
Pero bueno, ya que os ponéis a recomendar (mi madre siempre decía que la ignorancia es muy atrevida y creo que no le faltaba razón, a raíz, sobre todo de vuestras «recomendaciones») pues, nada, visitáis el CIEMAT, y los informes de esos elementos que han hecho y ya me decís. Pero, y esto a título de consulta ¿podríais facilitar los nombre de esos expertos de la universidad de Huelva, Sevilla y la Pablo Olavide? Sería interesante porque esto se parece a los del primo de Rajoy o a los expertos de Simón.
No obstante, yo invito a los anónimos y criptomiembros de la orden paletaria de la platamofa de los «Vivos» de la Tierra a revisar un informe público de Puertos del Estado sobre las Recomendaciones de análisis de los materiales dragados de las 28 autoridades portuarias del estado español y veréis la concentraciones de metales y no metales en los dragados de los referidos puertos de Huelva, y demás.
Informe que se sigue haciendo y que está en el MITERD, y es de acceso público. Ocurre que analfabetos funcionales como los de la Platamofa de los «Vivos» a costa de la Tierra (que sería el título adecuado a tal «colectivo» en cuestión) olvidan, o desconocen, que es peor, que existe una estricta legislación ambiental (yo os puedo facilitar todo tipo de leyes, ya que es parte de mi trabajo estudiar esos condicionantes) muy garantistas y lo que no os voy a permitir, de ninguna manera, es que habléis de Asturies, mi tierra, con esa ligereza y absoluta ignorancia, e insidia. Vamos que en lo de Belmonte bien se podría decir que «nun tenéis ni puta idea». Pero siguiendo con el tema, a ver si nos centramos. ¿A partir de una reflexión geológica, científica, deducís que una persona es «trumpista» (al principio del texto decíais trompetista, ¿os habéis liado?) o liberal, o del opus? Yo creo que debéis abandonar esa actividad y solicitar el ingreso en el CIS, que os iría mejor. Esta bien eso de la adquisición del diccionario, pero andáis flojos en semántica, y sintaxis, así que darle una vuelta al artículo, precisar (no acusar, que son dos cosas diferentes, miradlo en el diccionario de sinónimos) y huir de la argumentación «ad hominem» que ya descalifica a quien la usa.
Por cierto, el término mentir, en este contexto- es inapropiado (miradlo en el diccionario, en la m -creo que en el segundo tomo-). Y dado que vuestra deficiente redacción hace de vuestro libelo, casposo, un calvario que lleva a la inevitable disforia y a la depresión (al constatar que no sabéis redactar, que vuestra capacidad de entender está por debajo de la ameba) os invito a que, una vez tengáis soltura con el manejo del diccionario, y repaséis, adecuadamente y con ejercicios para casa (los cuadernos Rubio y los ejercicios de Alvarado creo que se han vuelto a editar), los manuales antedichos, volváis a escribir este mismo texto, sin la argumentación «ad hominem», con rigor científico y demás.
A ver si lo lográis y, por favor, no copiéis de wikipedia, que eso está muy mal. Y si facilitáis una lista de los «expertos», esos que os han engañado como a chinos, pues sería mejor ¿o es que no la tenéis y os estáis tirando un Simón? He de reconocer que hay algo en lo que tenéis razón, pero que habéis trasmutado el sujeto y el objeto. Los Miembro(s) de la platamofa de «vivos» por la Tierra sí cumplen, en vuestro caso de forma clara y sin lugar a dudas, la palmaria sentencia de: «es más fácil hablar si saber (y en eso lo habéis demostrado, en vuestra categórica ignorancia, barnizada de wikipedia, lo que manifiesta que, tampoco, sabéis copiar)».
Tareas para aclarar las cosas.
1º Nombre de los «expertises», para tener una idea del rigor científico (no valen cuñaos, ni tertulianos)
2º Informes específicos en los que se apoyen vuestras «ocurrencias» (me interesa especialmente los que son del CSIC ya que, por mi condición de funcionario es más fácil acceder a dicha información y a dichos técnicos). Y por cierto nada de gilpolleces al estilo de eslóganes trasnochados de: «la extracción de elementos químicos de la Tierra puede ser limitante y conllevar riesgos ambientales, económicos, sociales y geopolíticos».
Como epílogo, que es que me cansáis con vuestras peroratas, un relato puede ser cierto, o falso, pero eso de acusar de manipulación a un argumentario de un técnico, científico y, ¡por qué no! Geólogo, me parece de una zafiedad (esperable) protervia y palurded intelectual que ya os retrata.
3º. Las «precisiones» políticas aquí están de más, que la minería extractiva en nada, en este contexto, tiene que ver con los F-35, ni batallitas para que os deis una pintura de progres de salón y cavernícolas de convicción. Que hay que centrar las cosas, y ser rigurosos.