Ya hace tiempo que uno de los focos que iluminan la fachada de la Catedral de Ciudad Real se ha entregado a un alocado parpadeo y, aunque cumple con su cometido y llama la atención sobre el monumento, no puede decirse que este tic luminoso sea ni mucho menos favorecedor. Las que parecen encantadas son las palomas, que se arremolinan en la cornisa del templo, entre arrullos y revoloteos, para asistir a tan hipnótico espectáculo.
Últimamente, está todo revuelto.
Hasta la luz que debe guiarnos está titilando…
Ahora alguno también culpara al equipo de gobierno del ayuntamiento…
Pues claro que si, cómo es que no se ha dado ya una subvención para arreglarlo!!!
Ay, este ayuntamiento. Se va a condenar a los infiennos.