El Comité de Empresa y las secciones sindicales de Repsol alertaron a los trabajadores y a los ciudadanos sobre los planes de la empresa de cerrar sine die las plantas químicas de estireno, óxido de propileno y glicoles, y de manera temporal la planta de craker. Esta decisión tendrá evidentes consecuencias laborales para los trabajadores, unos serán recolocados y otros perderán su empleo.
A la voz de alerta siguió un proceso de concienciación ciudadana sobre las graves consecuencias que tendrán para todos estas decisiones. Una importante movilización el pasado lunes reivindicó la paralización de los cierres anunciados, y un plan de viabilidad para asegurar el futuro del Complejo en Puertollano.
Ahora, los políticos en el poder en nuestra Comunidad Autónoma y los líderes sindicales de CC.OO y UGT, anuncian la resolución de todos los problemas y un futuro espléndido. El «milagro» se ha producido después de una reunión con el presidente de Repsol. Ya todos podemos dormir tranquilos, despojados de toda preocupación por la intervención de nuestro presidente autonómico. En un suspiro, hemos pasado de la reivindicación callejera al paraíso, prometido por el Presidente Barreda y los secretarios regionales de CC.OO y U.G.T.
Los representantes sindicales de los trabajadores en el Complejo Petroquímico aún no han analizado la letra pequeña de lo anunciado, pero parece que los cierres programados se mantienen y sus nefastas consecuencias también y, mientras tanto, el futuro de la química se fía a una palabra mágica: especialización, y a una inversión de 300 millones de euros en los próximos cinco años, no excesivamente cuantiosa tratándose de un Complejo de esta envergadura.
Todos, políticos y líderes sindicales, deberían haber sido más prudentes hasta esperar que finalizase el proceso de negociación entre empresas y sindicatos, que se ha retomado recientemente, con los negociadores de la parte sindical enormemente presionados por el anuncio del paraíso. Pero los intereses políticos necesitan de la inmediatez y la contundencia por lo mucho que hay en juego próximamente.
Muchos ciudadanos piensan, como los concejales de IU, que el paraíso prometido no se corresponde con la cruda realidad.
Confiamos en el rigor y el espíritu combativo de los negociadores sindicales para conseguir un buen acuerdo en consonancia con los intereses de los trabajadores, que coinciden plenamente con el interés general. Lo demás ha sido una burda utilización política de un grave problema económico-laboral que todavía perdura. Esperemos que no por mucho tiempo.