(Sin podredumbre de “activos tóxicos”.
Sin Índices bursátiles.
Sin Gobiernos Dadivosos.
Sin Ecofines y Reservas Federales)
¡Bolivia-petrolera-de-pistolones-insurgentes! Tus hijos de brazos caudalosos y piel jaleada por el fuego te estrechan contra su pecho mientras te gritan… Y te inauguran todos los amaneceres para no adormecer el recuerdo de que las cancelas permanezcan abiertas… ¡de par en par!… ¡siempre! , para que se sacie la libertad, la esperanza y las tripas de los escarnecidos de palabra y tiranía.
{mosgoogle}Sobre la curvatura de las infinitas, fecundadas, anchas y trepadoras espaldas aimaras corretea un imbatible eco que perfora, aprieta y domina cien pares de bárbaros consuelos. Y la cordillera se relame de sangre rugosa que no ha de sucumbir a los gritos comprobados de cadena y dolencia.
¡Bolivia…Bolivia! , tras la placidez de las urnas, inmaculada y limpia, rota de besos milenarios que susurran al fango con el que se congratuló la insolencia y el derroche usurpador de los silencios impuestos y asesinos.
¡Bolivia-Amanece-Bolivia! de pétalos esparcidos al hambre para que construyan piedad y justicia en los acantilados inhóspitos de caudillos y fulanos, porque con parsimonia la luz tejedora de nuevos días va reclamando y ajusticiando a las voraces voces que enhebraron los inabarcables y oxidados relojes de pan no entregado, de alegría prisionera.
Desde las atalayas, forjadas de sangre y mugre, se ven pistolas enmohecidas, raudales de botas descosidas y un inmenso e insobornable fuego gritando palabra y levadura. Y la cordillera se adorna de azules, blancos y rojos sombreritos recogiendo entre sus mesetas los mechones aireados por la alegría.
¡Bolivia…Bolivia! renace con trance de dolor entre lo que fue y lo que germina, entre corazones tenaces y consuelos largamente gritados y esperados.
Desde Sucre a La Paz; desde Cochabamba a Pando: un inmenso latido de libertad recorre las entrañas donde Guevara exilió su último suspiro.