
Durante este año, y más aún durante estos dos últimos meses, en toda España se están haciendo todo tipo de actos, homenajes y conmemoraciones para celebrar la victoria española sobre los franceses en la Guerra de la Independencia.
{mosgoogle}Otro asunto que a uno le viene a la cabeza es hasta qué punto este tipo de celebraciones acaban siendo anacrónicas. Y es que podemos vestir los actos de lo que queramos, podemos aludir a la unidad del pueblo español o podemos inventarnos lo que nos dé la gana, pero todos sabemos que lo que estamos celebrando es la (gloriosa) patada en el culo que le dimos a los franceses. Y muy bien que hicimos dándoles esa patada, pero hicimos es la palabra clave: a servidor no deja de resultarle un tanto cateto esto de celebrar que sacamos a hostias a los franceses de España estando ahora mismo inmersos en plenas alianzas de civilizaciones, ONUs, Uniones Europeas y demás. Seguramente esto parezca un poco exagerado, pero si conocen a algún francés que resida en España, pregúntenle cuántas veces le han recordado la dichosa batallita este año (el que viene ni se acordarán).
Pero en fin, pues nada, sigamos engañándonos a nosotros mismos, sigamos diciendo que lo que aquí celebramos es la decisión y la unidad que tuvo el pueblo español, que luchó por unos valores y por una identidad común y que en el momento de clavar las estacas no estaban pensando simplemente en sobrevivir (que no es poco), sino en convertirse en alardes de la valentía que corre por las venas españolas.
Entre esto y lo de las 60 horas de trabajo semanales, sólo nos faltan los vestidos de época para volver al feudalismo.