La Real Fábrica de Armas y Municiones de Orbaizeta (Navarra) resiste el abrazo verde de la frondosa vegetación del Valle de Aezkoa. El paso de los años y una vida intensa y acorde al XIX, el turbulento siglo que asistió a su esplendor, han pasado factura a esta mole de piedra. Sin embargo, sus ruinas son consideradas "una joya de la arqueología industrial peninsular. Fue construida bajo la influencia del Enciclopedismo francés, con una moderna visión donde además de la producción cobraba protagonismo la salud y vida diaria de los trabajadores. La Fábrica sólo fue un imán para las cinco guerras de la época, (1793-1875), sufriendo el Valle todas sus nefastas consecuencias. Tras producir durante años munición, y en alguna etapa incluso cañones, pasó a mediados del s. XIX a producir hierro de calidad, que luego era transformado en las fábricas de Trubia y Oviedo en Asturias. Malviviendo desde 1869 tras un incendio fortuito, terminó cerrando sus puertas en 1884 por el auge de los Altos Hornos". Leer más...
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La rebelión de los gorriones


Dicen de él que su sangre es dulce, aframbuesada, del color de los billetes de quinientos euros. El coágulo es un ser extraordinario, muy difícil de avistar. Mora en la serranía conquense y durante el estío desciende a la meseta para alimentarse de depósitos bancarios. Ronda los tres metros de altura y su piel es verdusca y áspera. De figura homínida, destaca sobremanera en su cuerpo la envergadura de sus extremidades superiores, capaces de abrazar un furgón blindado, y su extrema delgadez. El coágulo camina encorvado, con lentitud, al son de la pesada cadencia de sus pasos, ajeno al mundo que le rodea y siempre aferrado a un serijo de esparto. Viste harapos de primeras marcas y su rostro, carente de expresión y lucidez, es un collage de rasgos humanos y anfibios.
























