MICIUDADREAL.ES te descubre uno de los misterios de la provincia, a un paso de Ciudad Real: El Martinete de Los Pozuelos de Calatrava, una inquietante y espectacular fundición del siglo XIX única en España, aunque absolutamente olvidada por el Gobierno regional.
Las inquietantes ruinas del Martinete (Los Pozuelos de Calatrava, Ciudad Real) surgen entre la bruma como el escenario de una novela gótica. Están atrapadas en la atmósfera de una leyenda de Bécquer, en un vértigo de pesadilla romántica que desconcierta al visitante despistado con sus ciclópeas proporciones.
El conjunto arquitectónico, asfixiado por la maleza, incita a pensar en historias de fantasmas, o en vetustas mansiones horadadas por pasadizos secretos. Ventanas, muros y contrafuertes son abrazados mortalmente por ramas y troncos que desafían a los poderosos músculos de piedra; y la vegetación cubre los vestigios de una sorprendente tecnología hidráulica.
Pero no nos hallamos ante una mansión encantada, ni en unas termas romanas, ni frente a una fortaleza de las Cruzadas. Esta portentosa y fascinante obra de cantería es una fundición del siglo XIX, única en España por su ubicación, tamaño, y extraña factura de construcción... Lo que no ha impedido que haya caído en el más absoluto olvido, y que alguno de sus elementos corra un inminente peligro de derrumbe a pesar de su inclusión en las cartas arqueológicas.
Y es que el Martinete, situado en un paraje de gran belleza y valores medioambientales, es otro más de los ejemplos de abandono del patrimonio cultural castellano-manchego. Olvidado por las instituciones, y desconocido por la mayoría de los ciudadrealeños, este enclave está suplicando una mínima rehabilitación, algo de lo que apenas quedan esperanzas, si nos atenemos a la lentitud y ambigüedad con las que el Gobierno regional contempla la posibilidad de declararlo como Bien de Interés Cultural (BIC).
De hecho, hay expertos que aún se preguntan cómo es posible que un tesoro artístico de semejante orden, único en España, haya permanecido durante décadas en tal estado de abandono. Y aunque la Delegación de Cultura dispone desde hace años de una carta arqueológica de la finca en la que se ponen de manifiesto sus valores patrimoniales, aún no se ha iniciado el procedimiento para conseguir la declaración del Martinete como BIC.
Oscuros orígenes
Nadie se explica cómo fue posible que a mediados del siglo XIX un ingeniero bilbaíno se atreviera a construir una fundición en un perdido rincón del Campo de Calatrava, en un lugar incomunicado que apenas existía en los mapas de la España de Isabel II. Lo cierto es que el proyecto, un curioso coletazo de la revolución industrial que en esos años tenía lugar en el norte de España, se materializó casi por arte de magia en una fábrica de bella factura, y en uno de los edificios más interesantes del patrimonio minero-industrial español.
El Martinete se ha merecido un mejor destino. Tras sustentar a decenas de familias durante más de medio siglo, la factoría fue cesando en su actividad hasta los años 20, cuando se convirtió en central hidroeléctrica. Diversas fuentes sitúan su abandono definitivo en torno a la década de los cincuenta. Desde entonces, sus vetustas piedras han permanecido rendidas al expolio, aunque aún impone la solemne grandeza de las ruinas, hundidas en el seno de un frondoso valle y vestidas con la exuberante vegetación de la ribera del Guadiana.
La Asociación de Municipios Montes Norte encargó a los arqueólogos María del Carmen Arcos Domínguez y Manuel Molina Cañadas un informe para tener un conocimiento más profundo de la historia y características del Martinete. Estos estudios, subvencionados con cargo a los fondos del programa de Investigación y Difusión del Patrimonio Etnológico de la Junta de comunidades, son precisamente la carta arqueológica que obra en poder de la Delegación de Cultura.
El Martinete presenta dos fases constructivas. La primera, de mediados del XIX, corresponde a las instalaciones de la fábrica y las viviendas de los trabajadores. El complejo incluye dependencias administrativas y de servicios, despensas, comedores, cocinas y otras estancias con fines logísticos.
Pero el perímetro ocupado por la fábrica es, sin duda, el más espectacular: aquí aún se conserva el inmenso horno, enmarcado bajo colosales arcos, en el que puede verse una placa de hierro donde aparece grabado el año 1865.
El impresionante fogón corre serio peligro de derrumbe, y debería ser restaurado urgentemente. Tiene el aspecto de un ídolo pagano que ocupara el centro de lo que debió ser una descomunal estancia construida en piedra, pero que todavía conserva los aires de un santuario. Desde este lugar parten dos grandes naves. Una de ellas, quizá destinada a talleres o a albergar los grandes martillos hidráulicos con los que se golpeaban las planchas de hierro, regala una preciosa perspectiva de sucesivos arcos que recuerdan a los de una pequeña sinagoga.
La segunda fase corresponde a la central hidráulica, donde pervive buena parte de su maquinaria original.
El enigma del Guadiana
“Son numerosas las incógnitas en torno al Martinete”, señala Manuel Molina. ¿Por qué se construyó en ese lugar? “La única circunstancia que podría explicarlo, en parte, es la confluencia de las aguas del Guadiana y su afluente Jabalón, que movían los martillos con que se daba forma a las planchas y bloques de hierro fundido”. Aún así, se trataba de un lugar incomunicado, y alejado de las cuencas carboníferas y de los centros de consumo.
La piedra de la que se extraía el hierro procedía de una cantera situada en la finca El Altillo, y era transportada en carretas de bueyes hasta la fundición, donde era quemada con carbón de leña extraída de árboles de la propia zona. Tampoco se conocen a ciencia cierta los motivos de su desaparición, aunque seguramente fue consecuencia de la mala calidad del hierro de los yacimientos cercanos, y de las pésimas comunicaciones con los principales mercados.
La misma aura de misterio rodea el diseño y características arquitectónicas del Martinete: los sillares, el ladrillo, la mampostería, las exageradas proporciones de un diseño que debió consumir una fabulosa inversión y que parece tener como único fin la exhibición gratuita de poder... “Nada tiene relación con el estilo adoptado en aquella época en esta zona, ni siquiera hemos encontrado una construcción parecida en el resto de España”, dice Manuel Molina, quien estima que es posible la rehabilitación del monumento (su estructura básica es muy sólida, con muros de más de un metro de grosor) y que son sobrados los motivos para la declaración del complejo constructivo como Bien de Interés Cultural.
Tímidos intentos de recuperación
Hasta la fecha tanto los propietarios de los terrenos como los responsables municipales de Los Pozuelos han estudiando diversas posibilidades de recuperación del edificio, conscientes de que esta actuación impulsaría la actividad turística de la zona. De hecho, hace cuatro años se barajaba tímidamente la posibilidad de restaurar las enormes naves de la vieja fábrica y las viviendas de los trabajadores para que puedan aprovecharse como establecimiento hostelero, albergue o casa rural. Las posibilidades de rehabilitación, según el alcalde Basilio Lillo, pasaban, bien por la actuación particular de los propietarios, bien por la cesión de los terrenos al municipio mediante acuerdo o compraventa.
De hecho, hay precedentes de este tipo de actuaciones en otros lugares de España, como en Cades (Cantabria), donde, por iniciativa de la Consejería de Cultura, se restauró una vieja ferrería del siglo XVIII para albergar el Museo del Hierro, dentro de un conjunto denominado Ecomuseo del Saja-Nansa. Otro ejemplo es el del Martinete de Navafría (Segovia), muchísimo más modesto que el de Los Pozuelos, pero que fue declarado en 1998 como BIC por la Junta de Castilla y León, y ahora es explotado con fines turísticos.
Los dueños de la finca, la familia Ruiz Sobrino, también se han interesado en la recuperación del Martinete. Los propietarios iniciaron la redacción de un proyecto de consolidación del inmueble con la vista puesta en su explotación lúdico-cultural. No obstante, la ausencia de declaración como Bien de Interés Cultural (que dificulta sobremanera la recepción de subvenciones), y la actual coyuntura económica, hacen prácticamente inviable un cambio en la situación de un monumento que parece condenado a perpetuar su enigma en las soledades del Guadiana.
Cómo llegar:
Para llegar al Martinete, situado a unos 30 kilómetros de Ciudad Real, hay que salir de la capital por la carretera N-430 y tomar la CR-P-4125 en dirección a Alcolea de Calatrava. Tras pasar por esta localidad, hay que seguir en dirección hacia Los Pozuelos de Calatrava. Antes de llegar a este pueblo, hay que estar atentos cuando se llegue al puente sobre el río Guadiana: el camino que conduce al Martinete comienza justo al final del puente, a la izquierda (a la derecha, y al inicio del puente, si se viaja en dirección contraria, desde Los Pozuelos).
http://santosgmonroy.blogspot.com
Comentarios (13)
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Manda huevos que se dilapide dinero, energÃas y medios en una casona vieja (Cruz Roja) y de esta construcción singular no se acuerda ni el pajarito [será que como no "es" competencia de Rosa Romero pues lo de siempre]
Hay otras construcciones que merecerÃan conservarse aunque casi todas son ya ruinas -irrecuperable-. Pasad p. ej. por el molino del Puente de Alarcos (por el antiguo puente) y mientras tanto al lado (Cerro de Alarcos) se dedican a quitar el polvo a cuatro pedruscos que nos hacen creer que tienen valor...
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Ahora bien, da pena que se haya despilfarrado tanto en tantas otras cosas para ver luego a joyas como esa fundicion a punto de caerse
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Es evidente que la dejación de la Administración es manifiesta, tanto de la Junta (interesada sólo en lo que ella considera que tiene valor) como desde el Ayuntamiento que con una venda en los ojos lo destruye todo, sin que gente como usted, pudiendo hacer algo para impedirlo, lo haga.
Es contradictorio que no vea valor en las ruinas de la Casa de la Cruz Roja y sà lo vea en las ruinas de El Martinete o en las del Molino de los Ayala en Alarcos. Si usted considera que tiene un valor singular, lo que es indudable, ya podrÃa usted hacer algo estando donde está; o bien, como le digo, hágase socio del CÃrculo y proponga y emprenda cuantas acciones quiera para denunciar esta dejadez administrativa y hacer lo posible para recuperar estos bienes históricos.
Sin embargo, alguna razón se le ocurrirá para no hacer nada en absoluto. Todo lo cual vuelve a evidenciar el interés de sus manifestaciones y la cortedad de sus planteamientos.
Por último, y para no monopolizar esta noticia con discusiones absurdas, le animo a que me escriba a mi correo, donde podrá abandonar el anonimato y los temores a las represalias y linchamientos ciudadanos que tanto le intimidan.
Ay que vel con la verdad que hay que delila
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No le deis cancha a un troll como "hay que decir la verdad", cuya única intención es provocar estérilmente...
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http://degradantetren.blogspot.com/2009/03/se-trata-de-un-horno.html
Muy bueno.
Porpuesta
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También estoy de acuerdo en que, en asuntos como éste, la mayor responsabilidad recae en nuestros representantes, que han fallado en su misión de puesta en valor de los vestigios de nuestro pasado.
El Martinete está clamando por un entendimiento entre los propietarios de la finca y la Junta de Comunidades para emprender una mÃnima labor de conservación, con urgencia y sin paliativos. En pocas regiones españolas se arroja a los escombros un patrimonio de esta belleza, y con 150 años de historia.
¡Saludos amigos!
Enhorabuena por el artÃculo.
Y si es cierto ni el gobierno regional, ni el ayuntamiento hacen nada para que este explendido monumento no quede en unas simples ruinas. A todos les parece muy bonito pero no hacen NADA DE NADA. Apesar de que son numerosos los grupos de senderismo que todos los fines de semana pasen por aquellos parajes BELLISIMOS.
El Martinete de Los Pozuelos: un inquietante y olvidado misterio arqueológico


























